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omar bin laden

Omar Bin Laden (AP)

Fíjense atentamente. El mismo perfil aguileño. La misma mirada serena. El mismo gesto de timidez. Observen cómo coloca las manos y qué juntas tiene las piernas. Su espalda recta. Reposa en un sofá cómodo pero no se relaja. Mofletes regordetes acostumbrados a cenar caliente. El mismo gesto paciente en la boca y la misma nube de desconfianza ante sus ojos. Parece dispuesto a aceptar cualquier cosa.

Sólo su chupa de cuero, las horas echadas en retocar la perilla y una cabellera trenzada pacientemente por manos profesionales, contradicen el tópico familiar. Son símbolos. Yo no soy como el resto, soy distinto, ¿no lo veis?

Se llama Omar Bin Osama Bin Mohammed Bin Laden y le pasa lo mismo que a todos los hijos de cantantes, escritores, arquitectos, artistas y políticos famosos: no puede fugarse de su apellido. Y como todos ellos, es un triunfador por cuenta ajena, un vulgar remedo de su padre que vive a tope precisamente por ser lo que no quiere: el hijo, sólo el hijo, de su padre.


Osama Bin Laden

Osama Bin Laden

Pongamos por caso. ¿Alguien se acuerda de una canción de Lolita Flores? ¿Qué habría hecho Javi Cantero si media España no se hubiera imaginado alguna vez a su padre comiendo un limón? Felipe de Borbón nunca será campechano aunque quiera, sólo será alguien que vive de usted y de mí; porque su padre, al menos, lo hace con gracia, pero ¿quién se imagina a Felipín en moto y prestando auxilio a un pobre conductor que se haya quedado sin gasolina en una fría y oscura noche de invierno? A Adolfo Suárez Illana sólo lo llaman para hablar del ex presidente del Gobierno que lo engendró y cuando quiere decir alguna otra cosa le dicen que sí, que está muy bien, que mire usted cómo son los críos, que se hacen grandes y quieren opinar, pero qué gran hombre tu padre, y abrígate que te coge el frío. Y al hijo de Angus Young… (la respuesta aquí, en la penúltima línea).

Uno se imagina al niño Omar de los años ochenta correteando de tienda en tienda. La entonces URSS y los amiguetes de Estados Unidos libraban en Afganistán una guerra a cara de perro. Los yankees  enseñaban a los talibanes a usar armas para bajarse rusos a tutiplén. ¿Fue Marx el que dijo que la historia es circular? Es igual.

Júnior, ¡Júnior! Deja ya esas granadas de los señores soldados y ven a comer, que hoy toca hamburguesa de camello con French fries.
La hamburguesa es un invento yankee imperialista dirigido a dominar el mundo e imponer un sistema neoliberal.
Omar, haz caso a tu madre. ¡Insolente cabrón de cinco años!

El chaval aprendía rápido. Quería ser pacifista, justo lo contrario que papá Osama. Pero su padre le había robado la barbocha, el peinado desgreñado y la pinta de alternata. Así que acabó optando por lo contrario y se hizo políticamente correcto. Un pijo.

El hijo díscolo del terrorista más buscado del mundo se presentó en Madrid la semana pasada. Pasaporte. ¿Tú no serás pariente de…?

Sí, soy Omar Bin Laden, hijo de Osama Bin Laden, ¿no sabe? Sí hombre, el de las torres aquellas… Eso es. Ése. Pues nada, que he venido a pedir asilo político.

Vaya por delante que presentarse así es honrado, pero no parece lo más inteligente. Le negaron el asilo en España, igual que se lo habían negado en el Reino Unido pese a que su mujer es ciudadana británica. En Egipto también lo han rechazado y ahora va camino de Qatar. A Omar, que tiene 18 hermanos, no lo quieren en ninguna parte. Pero su repentina aparición me ha hecho gracia porque nos ha mostrado muy a las claras una gran contradicción de nuestro Estado de Derecho, del Bienestar y de la Madre que lo Parió. Por un lado, es el hijo del pavo que frió a más de 3.000 jichos en las Torres Gemelas y que hizo añicos el orgullo de los norteamericanos. Por otro, es un fulano, un pavito, un notas. Un nadie. Un idiota que va hasta arriba de maría para dárselas de pacifista. Un fulano al que no se puede acusar de nada. No se le puede dejar entrar en un país porque pondría nervioso al personal. Tampoco se le puede rechazar, porque no ha hecho nada.

El zumbao de Freud, que se tiraba todo el día pensando en eso que dicen las mujeres que los hombres nos pasamos todo el día pensando aunque todos los hombres sabemos que son las mujeres las que se pasan todo el día pensando en ello, decía que para madurar hay que matar al padre. O sea, cortar el cordón umbilical, aprender a prepararse el biberón, a acunarse a uno mismo. Saber cómo limpiarse las caquitas y cambiarse los pañales, a ver si me explico. Algunos lo intentan con trencitas, con perillas bien retocadas, con chupas de cuero y hablando de pacifismo. Y quizás lo que les queda por hacer para ganar credibilidad es eso. Matar al padre.

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