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Debe de ser asqueroso tener que vivir pegado a un escolta. A todos los políticos del País Vasco les pasa porque hay gente que cree que las verdades son absolutas y que a quien no las comparte hay que perseguirlo y quemarlo en la hoguera. Por infiel. Los hijos de puta.

La semana pasada, una de esas políticas, la presidenta del PP vasco, María San Gil, estuvo en Santiago y acabó saliendo en todos los telediarios y periódicos (aquí, aquí, aquí, aquí, etc.). A mí me tocó vivirlo con bastante cercanía. Unos fulanos independentistas —la mayoría de Agir—, quince o así, recibieron a San Gil a gritos de “fascista”, “terrorista”, “fóra da Galiza” y otros clásicos populares. Tres imbéciles se enzarzaron a empujones con los escoltas. Se habló de intento de agresión, pero yo no me lo creo. Los de Agir son un poco retrasados, pero saben lo que se juegan con la “policía espanholista repressora”.

La cosa no pasó de ahí. El problema fue que Antena 3 decidió abrir su informativo con la movida. Y se lió. Toda la prensa mordió el cebo y les dio un micrófono cojonudo a los de Agir. Pasa todos los días en el País Vasco, pero si es en Galicia se activan todos los mecanismos demagógicos y los cínicos claman: “¡¿Adónde hemos llegado?! ¿En Galicia también?”.

Yo creo que los periódicos podían haber puesto en su agenda del día algo así como:

Hoy, a las doce y media, María San Gil da una conferencia en la Facultad de Económicas de la USC. A la entrada, cuatro independentistas la llamarán “fascista, terrorista, represora, españolista” y la invitarán a irse “fóra da Galiza”. La entrada es gratuita.

El Fin de la Tierra es un lugar donde los vientos tocan heavy metal, el sol está siempre a punto de esconderse y el mar libra una eterna batalla con las rocas. Es un enorme abismo desde el que se mira con nostalgia al futuro. Los pasos del caminante dejan de ser firmes y se queda solo frente al horizonte, en el único lugar en que los peregrinos se atreven a gritar. El Fin del Mundo huele a sal.
Con el cuerpo azotado por el viento, el caminante rumia otra vez todos los kilómetros de su viaje y se pregunta: ¿Es el Fin del Mundo o es el Principio?

 

(La foto es de Spi, compañero peregrino de Santiago a Fisterra en estos días)

El otro día murió Ángel González. Poeta, un tipo cuyos versos siempre me sorprendieron por su sencillez y porque, peseangelgonzalez a ella, me dejaban —me dejan— tonto.
“Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo [...]“
Así empieza una de sus estrofas que más me gustan. El tío está diciendo: “Venga, ahí va, os voy a contar quién soy”. No dejéis de leerlo, sus poemas son accesibles a todos. Nada solemnes. Pero riquísimos para digerir con tranquilidad.

Un trozo de patria

Aquí —a escondidas, de contrabando— empieza un trozo de mi patria.

(Patxi López ante el Parlamento vasco. Una de las pocas intervenciones sensatas de un político en los últimos tiempos)

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