Al principio, su frase me hizo reír. Pero la tipa me taladró una mirada que me dejó clavado en el suelo, con ganas de llamar a mi madre para que acudiera a rescatarme. Estábamos en un concierto de rock, ahí por la décima fila, o así. Por eso, cuando me dijo aquello de “¡Ten cuidado! ¿No ves que estoy sacando una foto?”, imploré al santo Doctor House que acudiera en mi ayuda y me inspirara una frase para que a aquella inexperta del rock se le atragantara su niñería. Pero su mirada sólo me permitió balbucir algo que ni yo mismo entendí, fruncir el entrecejo de arrepentimiento y escabullirme como pude. Claro, Lenny Kravitz estaba a menos de diez metros. Y hay cosas que tiran más que dos carretas.
Es curiosa la necesidad que tenemos de guardarlo todo. En ese concierto estuve al lado de gente que apenas soltó el móvil para beber un trago o para dejar que fuera algún amigo el que grabara las canciones. Se pasaron dos horas y media haciendo vídeos o sacando fotos. Capturaban inolvidables momentos que ni habían disfrutado. Si pones en YouTube “Lenny Vigo” te salen 50 resultados, que no está mal. Yo mismo acabé grabando con el móvil un par de temas —se oyen fatal, por cierto—. Tienes ahí el aparatito que lo puede hacer, y lo grabas. He ido a unos cuantos conciertos en los últimos años y nunca había grabado nada. Si acaso un par de fotos y a botar, que a eso vamos. Pero la tecnología ha hecho que cambie hasta la forma en que meneamos la cabeza en los conciertos de rock.

